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¿A quién le toca llevar la sustentabilidad en los destinos turísticos?

Los esfuerzos de sustentabilidad parten de las necesidades del hombre, sin embargo, su aplicación no se hace con la base de la interacción de los actores clave, sino a partir de esfuerzos aislados; se propone la gobernanza con la participación del sectro público, privado y sociedad civil; como elemento básico para el turismo sustentable.

El origen de la sustentabilidad a partir de las necesidades del hombre

Desde hacia varias décadas (los 70 a la fecha) se ha hablado de la sustentabilidad como una alternativa de desarrollo económico; sin embargo, fue hasta 1987, en el Informe Brundtland, que se definió como: “Desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Hacia los años 90 La Organización Mundial del Turismo (OMT) propuso en el caso del turismo sostenible como: “Una vía hacia la gestión de todos los recursos de forma que puedan satisfacer las necesidades económicas, sociales y estéticas, respetando al mismo tiempo la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas que sostienen la vida”.

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Aplicación de la sustentabilidad desde la trinchera

Sin embargo, la transición ha sido verdaderamente lenta y sin una estructura clara, es un espacio donde todos quieren estar, pero es “tierra de nadie”, existen algunos esfuerzos dispersos, ya que falta claridad de quien lleva la batuta hacia el tan mencionado turismo sostenible; en muchos casos, se apuntan los reflectores a la gobernabilidad del desarrollo y se centra en un esfuerzo gubernamental que norma y limita el actuar de los empresarios, ciudadanos y turistas que convergen en un destino. El resultado ha sido una serie de planes estratégicos de política pública que incluyen diferentes vertientes de “indicadores de sustentabilidad”, orientados en su mayoría a la preservación del medio ambiente con un vacío importante en la parte social, que distan mucho de volverse realidad.

Por otro lado, las empresas han observado que, si bien, la tendencia del consumidor se inclina hacia la demanda de productos naturales y servicios relacionados con el bienestar; no es un elemento lo suficientemente fuerte para lograr la preferencia de un servicio o producto turístico. Así que las prácticas sustentables, se han quedado como ahorros muy pequeños, que han requerido grandes inversiones tecnológicas, o se han adaptado como un valor organizacional, es decir, la sustentabilidad como parte de la cultura corporativa que constituye parte de los valores de las empresas y fortalece la identidad y pertenencia de sus empleados; incluso en algunos casos, se ha incluido como parte de resultados para evaluar el desempeño de los directivos de las empresas, algunas métricas relacionadas con los impactos provocados por la compañía y mitigados con prácticas de sustentabilidad, como es el caso de Marriot: «Deseamos ser reconocidos como la compañía de viajes favorita del mundo mientras cumplimos con nuestra responsabilidad global de ser una fuerza para el bien», dijo Denise Naguib, vicepresidenta de Diversidad de Proveedores y Sustentabilidad, Marriott International; al presentar sus objetivos de sustentabilidad 2025.

La gobernanza como principio básico de la sustentabilidad

Derivado de la pandemia el tema de la sustentabilidad se intensificó en la conciencia colectiva al quedar al descubierto la vulnerabilidad del sector. De ahí entonces, que mientras se observan los destinos turísticos recuperarse, con el regreso de los turistas a sus calles; se replantea en el aire si es el momento ideal para retomar la sustentabilidad como pilar de este nuevo comienzo.

Sin embargo, así como el trabajo colaborativo ha sido una herramienta de apoyo para el sector, pensar en el turismo sustentable, implica considerar que no basta con la definición estratégica descrita en los planes de desarrollo, basados en los diagnósticos de cada destino; sino que es preciso la implementación de la llamada “gestión relacional”, concepto impulsado desde 2001 por Josep Maria Pascual Esteve, coordinador de la Asociación Internacional para la Gobernanza, la Ciudadanía y la Empresa; que indica que la gestión relacional de una estrategia es aquella que se apoya en la participación horizontal de los actores públicos y privados que tienen la capacidad de incidir en los procesos de cambio de un destino, pero también la inclusión de la participación ciudadana que permita la “legitimidad” de la estrategia; al socializar los objetivos y cursos se contribuye a una cultura de identificación y sentido de pertenencia con el entorno y sus posibilidades y potencialidades futuras.

En otras palabras, no se puede hablar de sustentabilidad sin incluir el mecanismo de gobernanza, donde participe el Estado, la iniciativa privada y la comunidad, juntos conocen su territorio y pueden definir sus prioridades. Mediante este  colectivo se estimula a la comunidad con lazos de identidad y cooperación hacia la protección, valorización de su riqueza cultural y natural de su localidad, que les genera un sentido de pertenencia y orgullo.

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Los expertos en gobernanza recomiendan que el colectivo independientemente de su constitución orgánica a través de un comité, instituto, consejo, etc.; debe de cumplir con 6 requisitos:

  1. Equidad. Es el equilibrio que debe de existir en la fuerza entre los actores para no orientar las decisiones a los intereses de un solo grupo, sino prevalecer el bien común.
  2. Capital Social. Se refiere a la extensión de las relaciones individuales de reciprocidad y confianza para la cooperación en el seno del grupo.
  3. Plantear objetivos articulados, consistentes y coordinados que atiendan a los diversos intereses de los actores.
  4. Priorizar al avance de los resultados, sobre los modelos burocráticos.
  5. Promover una red de instituciones que se entrelazan y se complementan y no se limite a los participantes del colectivo.
  6. Rendición de cuentas. Cada actor debe rendir cuentas ante públicos diferentes a través de los mecanismos establecidos para cada uno, en función de su autonomía, que retroalimente al seno en su actuar.

En conclusión, el turismo sustentable seguirá siendo utópico, si no se crean los mecanismos de gestión, y se sigue actuando desde las buenas intenciones de cada actor del destino de manera aislada e individual que se conforman con aportar “su granito de arena”; en lugar de transformar de fondo la actividad turística para lograr beneficios notables y medibles para todos los involucrados.

Autora: Marina Canseco

Doctorada en Turismo, especialista en mercadotecnia turística, con más de 25 años de experiencia en planeación y desarrollo turístico; ha dirigido áreas comerciales en el sector privado y proyectos de investigación de mercado, sistemas de información y diseño de planes y políticas en el sector público. Es Licenciada en Turismo con especialidad en planeación y desarrollo por el Instituto Politécnico Nacional, Maestra en Administración con especialidad en Mercadotecnia por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y candidato a Doctor en Turismo por la Universidad Anáhuac.