Tren Maya

El impacto ambiental y social del megaproyecto del Tren Maya

En noviembre de 2019, el presidente López Obrador anunció una consulta pública sobre su proyecto bandera, El Tren Maya, unos 1,500 kilómetros de vías ferroviarias que conectarán 5 estados del sureste de México. Mencionó que se destinará una inversión de 8 mil millones de dólares americanos (USD) para «impulsar el desarrollo del sureste que se quedó rezagado en el periodo neoliberal. Creció el norte poco, pero creció. Creció el bajío, creció el centro menos y el sur sureste decreció en los últimos 36 años», dijo Presidente López Obrador en su conferencia de prensa matutina del 15 de Noviembre, 2019.

Orgullosamente anunció que trenes híbridos, que usarán energía eléctrica y combustible, conectarán su estado natal Tabasco con Campeche, Quintana Roo, Yucatán y Chiapas. Una vez finalizado en 2023, se estima que 70% del uso será para turismo y 30% para industria. 19 estaciones de tren han sido estratégicamente planeadas para el desarrollo de proyectos de urbanización, destinos turísticos y comercio.

«En el sureste tenemos muchos recursos, mucho potencial» dijo López Obrador el 15 de Noviembre del 2019 en su conferencia. «En el sur sureste está el 70 por ciento del agua del país, está el petróleo, está el gas, están las selvas, las zonas arqueológicas por donde va a transitar el tren es la zona arqueológica más bella del mundo, pero en un completo abandono». Es justo esta riqueza la que se encuentra en el centro de un intenso debate sobre si el Tren Maya beneficiará a las comunidades Mayas locales y su medio ambiente, como propone el gobierno, o si al contrario, va a abrir la región a la explotación masiva de inversionistas externos, lo que resultará en una degradación socio ambiental de la región.

Un mes después del anuncio inicial del presidente López Obrador, se realizó la consulta pública. Sin embargo, tanto la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Organización Internacional de Trabajo (ILO por sus siglas en inglés) y de la Organización de las Naciones Unidas (UN por sus siglas en inglés) decretaron que la consulta no cumplió con los estándares. Un problema clave es que ni el proyecto ejecutivo final ni la ruta del tren han sido revelados, así que cualquier consulta o estudio de impacto son prematuros, incompletos y automáticamente fallan en cumplir con la legislación.

El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) es una organización sin fines de lucro de abogados cuya misión es defender el medio ambiente y recursos naturales, exigiendo que se cumpla la implementación de la legislación. “Las leyes ambientales estipulan que los proyectos deben presentarse completos” dice el director Gustavo Alanis. “Al fragmentar el proyecto en etapas y secciones, se impide la posibilidad de evaluar el impacto acumulado del proyecto y la sinergia de la combinación de todos los elementos. Esta es una estrategia para minimizar la apariencia del impacto ambiental”.

Cambiando el uso de suelo

En junio de 2020, el presidente López Obrador inauguró la construcción del Tren Maya, a pesar de las restricciones por COVID 19. La mayoría de las rutas de tren están planeadas en vías de tren antiguas para que la tierra ya cuente con los derechos de uso para fines de comunicación. Sin embargo, las estaciones, centros comerciales y desarrollos estratégicos que están planeados junto con las vías, requieren de permisos para cambio de uso de suelo. Estos permisos aún tienen que procesarse. “El cambio de uso de suelo de un bosque debe de ser la excepción, y no el punto de partida”, señala Alanis.  “Proyectos como este se tienen que ajustar a marcos legales.  Al fallar en considerar los existentes usos de suelo locales, nacionales e internacionales, este proyecto está haciendo una total burla de ellos.  Esto crea duda, preocupación, falta de confianza y ha derivado en acciones legales”.

Diversas demandas han sido levantadas por comunidades Mayas y organizaciones ambientales en contra del megaproyecto. En diciembre de 2020, la corte del estado de Campeche ordenó la suspensión definitiva de nuevos trabajos en la segunda sección de la ruta del tren, de Escárcega a Calkiní, citando inconstitucionalidad. Esto ha llevado a CEMDA y otros críticos a llamar a la “suspensión del proyecto completo, con base en los derechos humanos a un ambiente saludable para el desarrollo y bienestar, en defensa de lo que las comunidades consideran como un serio impacto ambiental y social por parte del proyecto del Tren Maya”.  Desde entonces comunidades y ambientalistas han presentado decenas más de amparos a través de la región.  Varios amparos han recibido órdenes de suspensión definitiva de nuevos trabajos en lo que son procesados, y varios más siguen en espera de una respuesta. 

Impacto ambiental

El Sureste de México es conocido por su riqueza y belleza natural. La ruta del tren busca conectar la herencia natural y arqueológica para así hacerla más accesible para los 17 millones de turistas que el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) dice visitan el sureste de México cada año. La ruta del tren fragmentará al menos 10 reservas naturales de acuerdo con el Biólogo Luis Miguel del Villar Ponce, Gerente de Coordinación Ambiental para el proyecto del Tren Maya, en representación de FONATUR.

Ambientalistas están preocupados porque la flora y fauna se vea afectada por la fragmentación del territorio. Del Villar explica que habrá casi 200 cruces de fauna para permitir que los animales crucen por debajo de las vías con seguridad. Admite que “hay un periodo de adaptación para que las especies locales aprendan como usar estos pasajes de manera efectiva”.

Alanis advierte que hay un número de especies en peligro de extinción en la región, como el jaguar, el mono aullador, el mono araña, cocodrilos y loros. Advierte que la fragmentación de su medio ambiente podría impedir que México alcance algunos de los acuerdos internacionales en conservación de flora y fauna.

El agua es otra preocupación clave. El sureste de México tiene una formación única de acuíferos subterráneos y cenotes. A pesar de la abundancia de agua, no hay una infraestructura para proveer de agua a las comunidades rurales Mayas. Las comunidades temen que sus preciados suministros de agua, que ya se ven impactadas por invasión de la agricultura industrial en la región, sean drenados por el turismo, mientras ellos continúan sin una garantía de agua. “No vamos a depender de los suministros de agua de las comunidades” explica Del Villar, “estamos haciendo estudios para ver cuánta agua necesitan las comunidades y cuánto más puede extraerse de manera sostenible para el turismo. Una vez que tengamos estas cifras, podemos proyectar los números de los visitantes. El problema no es la falta de agua sino la terrible administración del agua y queremos cambiar esto para que las comunidades también tengan agua.» Sin embargo, a la fecha los estudios de agua no se han finalizado y las cifras proyectadas para el turismo ya han sido anunciadas.

Las comunidades también temen que el incremento en turismo e industria en la región vayan a contaminar aún más los recursos de agua subterráneos, que ya han sido contaminados por agroquímicos usados para las técnicas de ganadería industrial, ajenas a los métodos Mayas de ganadería. 

La contaminación de basura también es una preocupación. Las comunidades Mayas no cuentan con recolección de residuos y dependen de compostar o quemar sus desechos. Temen que el incremento de basura generada por turismo contamine su aire, tierra y agua.

Impacto social

La degradación, fragmentación y deforestación del territorio Maya asociado a la construcción, movilidad y desarrollo del proyecto también tendrá un impacto social. “Nuestras comunidades están expuestas a la fragilidad del medio ambiente” explica Leydy Pech, una apicultora Maya de Campeche “El cambio de uso de suelo y visión de desarrollo que el proyecto del Tren Maya promueve es un desafío porque nuestra identidad cultural está arraigada a nuestra interacción con nuestro medio ambiente y recursos naturales”.

El proyecto del Tren Maya presenta la detonación de la economía local como uno de los mayores beneficios, prometiendo medio millón de oportunidades de trabajo solo durante la construcción, y futuros trabajos en los nuevos desarrollos comerciales y turísticos. Fonatur resalta que incluso la construcción ya ha sido fuente de trabajo y ayudado a mantener la economía activa durante la pandemia.

«Vamos a integrar a las comunidades a cadenas productivas y generar valor agregado a sus productos» explicó Rogelio Jiménez Pons, director de FONATUR el 15 de Noviembre del 2019. «Se van a incorporar a pequeños productores de campo a nuevos mercados, reducir los costos de transportación, aumentar la conectividad digital, facilitar el acceso a los mercados laborales y generar nuevas oportunidades económicas».

Los locales como Sara López, una activista de Campeche son críticos del tipo de trabajos que se ofrecerán a las comunidades Mayas: “solo vamos a ser mano de obra barata y servil, no veo eso como una oportunidad”.

“Este proyecto va a acentuar la inequidad social” advierte Alanis “y terminará desgarrando la tela social, provocando divisiones entre las comunidades”.

Mientras las tensiones se incrementan y las opiniones se dividen, las áreas clave del megaproyecto han sido militarizadas. “Cuando el desarrollo se lleva a cabo respetando los derechos humanos y apegándose a la legislación no es necesario el uso de las fuerzas armadas” argumenta CEMDA en su manifiesto para cancelar el megaproyecto. Por ahora el trabajo continúa.

Autora: Lara Rodríguez

Lara Rodríguez vive en la Ciudad de México y ha realizado la cobertura de México y Centroamérica para medios de comunicación internacionales desde 1997.  Sus raíces mexicanas y británicas, combinadas con su formación en antropología social, le han brindado la experiencia y la perspectiva suficientes para comprender la región y retratarla a una audiencia de televisión extranjera, cubriendo historias sociales, políticas, económicas y ambientales.  Lara se formó en la BBC como productora y luego como camarógrafa y editora.  Luego pasó a trabajar como corresponsal de CGTN y actualmente se ha centrado en escribir para publicaciones ambientales.